La magia del Sr. Yu


Tengo la fortuna de haber conocido, trabajado y compartido camino con el Sr. Suk Man Yu (DEP), consultor y profesor surcoreano pionero en fomentar las relaciones internacionales del país asiático. Una de nuestras primeras aventuras fue en Corea del Sur. Estaba trabajando en una universidad de la provincia de Gyeonggi, y además de las clases, diseñamos con el Sr. Yu un proyecto para impulsar el desarrollo territorial de la provincia, el emprendimiento de los jóvenes, la economía creativa y la innovación e internacionalización de las pequeñas y medianas empresas (PyMES). Corea es un país polarizado por el gran peso económico de la capital y su área metropolitana, donde vive casi el 50% de su población. Tiene además una economía monopolizada por sus enormes conglomerados empresariales (Chaebols) y la escasa participación de las PyMES.

El proyecto consistía en crear un centro de incubación de empresas en el campus de la universidad, impulsando el vínculo y la colaboración público-privada entre la academia, la industria y el gobierno regional. La iniciativa fue muy bien acogida por todos los actores. Teníamos todos los ingredientes para empezar, pero nos hacía falta la última pieza del engranaje: la financiación.

La primera estrategia concebida fue un pool-funding con pequeñas pero múltiples aportaciones de capital de los socios. Pero nos continuaba faltando músculo financiero y un anzuelo que impulsara la visibilidad del proyecto. En un día de reuniones y viajes entre Seúl y Pyeongtaek pensamos en la solución: Samsung como sponsor y socio estratégico. La idea parecía genial: Samsung tenía una gran notoriedad y reputación de marca que podía capitalizar el proyecto, capacidad financiera y además su sede estaba en Suwon, la capital de la provincia.

Enseguida nos pusimos manos a la obra y empezamos por llamar y concertar una cita. El resultado, al cabo de dos semanas de intentos fallidos (por teléfono, email, networking…) fue desesperanzador. Hasta que, un día desayunando a primera hora de la mañana, el Sr. Yu me miró fijamente y, como si se hubiera iluminado, me dijo: “Josep, nos vamos a Samsung”. Sin preguntar nada, cogí mis cosas y nos pusimos en marcha.

Llegamos a la sede central y, sin cita previa, nos dirigimos a la recepción del lobby de la 1ª planta. El Sr. Yu, con convicción, simpatía y destreza, preguntó por ver al director general para explicarle un proyecto estratégico para Samsung, pues implicaría fomentar el desarrollo socio-económico de la región mediante la creación de nuevos puestos de trabajo en PyMES y el impulso de la innovación y la economía creativa, el talón de Aquiles de la economía coreana. La recepcionista, atónita por la relevancia potencial del proyecto, hizo unas llamadas y al cabo de media hora nos dirigió a la 7ª planta, donde estaba el departamento de estrategia.

Una vez ahí, el Sr. Yu, con la misma simpatía e ilusión, le explicó el proyecto de la misma forma a la nueva persona que nos atendió. El interés que despertó el proyecto era evidente, pero su respuesta fue que lo intentaría, pues la agenda del director general estaba siempre muy ocupada.

Después de más de una hora de espera, nos dirigieron a la 16ª planta, donde se ubicaba dirección general. Y así, sucesivamente, hasta llegar a la última planta, donde nos recibió, a última hora de la tarde, el mismo director general en persona. En menos de 15 minutos le expusimos el proyecto, y salimos de la reunión con la confirmación de su colaboración como sponsor y socio estratégico.

Aquello fue increíble. No había conocido jamás a nadie que consiguiera reunirse con el director general de una de las mayores corporaciones del mundo sin cita previa. Me pasé la noche reflexionando lo vivido, sobre todo lo que había aprendido. Han pasado más de diez años desde ese día, y he podido aplicar y comprobar la efectividad de todo lo que aprendí:

1. ​Las personas, primero: tratar a los trabajadores con el mismo respeto y amabilidad, desde los recepcionistas de la primera planta al director general. Esta es la base de la autenticidad. Los empleados lo perciben, y se convierten en los mejores aliados para fomentar un propósito compartido.

2. Tener fe y confianza en el proyecto (y en uno mismo). Esto sólo se consigue si uno cree en lo que hace, con una misión y visión claras sobre un propósito superior que tiene un impacto social definido y un valor compartido por la otra parte (la base del win-win).

3. Paciencia y perseverancia para afrontar las frustraciones que conlleva cualquier objetivo o expectativa no cumplida.

4. Todos somos líderes. El Sr. Yu ejercía como consultor y profesor, no tenía ningún cargo oficial de ministro ni rector ni de director general, pero tenía una capacidad enorme para influir y conectar con la gente. Era consciente de su talento y lo ponía al servicio de la sociedad. Aquí reside el verdadero poder.

5. Tener referentes que inspiren. El Sr. Yu hubiera podido ir él sólo a Samsung. Pero me involucró desde el primer momento y me hizo sentir partícipe de todo el proceso. Más allá del resultado de la visita a Samsung, el Sr. Yu era consciente del impacto que aquella experiencia podía tener en mi. Era un mentor, una persona que se ocupaba de mi desarrollo personal y profesional, y creyó en mi. Ésta fue, sin duda, su auténtica magia.

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